Tras leer esta página sabrás cómo entrar en tu cuenta, qué hacer si el acceso falla y cuándo conviene pedir ayuda al equipo.
Saldrás de aquí con la sesión abierta y sabiendo qué dato usa tu cuenta y qué conviene revisar antes de confirmar.
Teclado distinto, misma contraseña. Empieza por aceptar que el teclado cambia y la cuenta no: en un ordenador el teclado es físico y el navegador recuerda lo que le dejas guardar; en el teléfono sale en pantalla, el dedo resbala y el campo de la contraseña se llena de mayúsculas no deseadas. Esa es toda la diferencia práctica, y conviene tenerla presente antes de culpar a la cuenta. Lo que nunca cambia es el par con el que te diste de alta: tu correo electrónico y tu contraseña, los mismos caracteres, las mismas mayúsculas. Los límites que fijes, el saldo y el historial tampoco entienden de equipos: viajan contigo. Cambia de pantalla cuando quieras y la cuenta seguirá en el mismo punto; lo único que se queda en el aparato es la sesión abierta, y eso se resuelve cerrando. Ningún dispositivo guarda una versión distinta de tu cuenta.
Cuando quieres frenar a tiempo. Entra en el apartado de cuenta y busca la zona de límites: ahí viven tus topes de depósito, de pérdidas y de tiempo de sesión, y ahí se cambian, no por teléfono ni por correo. Marca cifras que puedas sostener un mes entero y revísalas cuando cambie tu situación. Si lo que necesitas es parar de verdad, la cuenta ofrece autoexclusión temporal y cierre permanente, y el RGIAJ, el registro público de interdicciones, alcanza a todos los operadores con licencia española. El mismo panel reúne saldo, historial de movimientos y el estado de tus retiradas, así que no hace falta pedir capturas a nadie. Abre esa zona hoy, aunque no vayas a jugar: saber dónde está el freno tranquiliza más que buscar el botón con prisa.
Entras y ya ves tu bono esperando. Acepta que la pantalla de estreno va a estar casi vacía: saldo a cero, historial sin movimientos y un aviso que recuerda que la verificación sigue en curso. Ese aviso no bloquea la entrada, así que aprovecha para recorrer el catálogo y decidir por dónde empezar. Cuando la revisión termine, la coletilla de pendiente desaparece y quedan a la vista el bono de bienvenida y el botón de depósito, con el mínimo de 15 € marcado en el formulario. Haz el primer ingreso con el método de tu costumbre, sea Visa, Bizum o Trustly, para que la retirada posterior no te obligue a explicar nada. Guarda el correo de confirmación del alta en una carpeta a mano: es la referencia más rápida si alguna vez hay que buscar tu historial.
¿Cuánto tarda la revisión?. Recupera el acceso desde la pantalla de entrada, donde está el enlace de restablecimiento, y pide el cambio: el sistema envía un enlace a la dirección de correo que registraste, y solo a esa. Abre el buzón en el mismo dispositivo donde vas a entrar, mira en la carpeta de correo no deseado y usa el enlace una sola vez; si caduca, pide otro. Con la clave nueva puesta, toca la verificación: con DNI o pasaporte, justificante de domicilio y captura del método de pago en mano, la revisión se resuelve en un plazo de sesenta y tres horas. Mientras esperas, guarda el resguardo de los documentos enviados por si hay que repetir alguno. Si el plazo pasa sin noticias, escribe a [email protected], que responde las veinticuatro horas todos los días, con el número de cuenta y las capturas ya enviadas.
Sesiones que se caen solas. Asume que la sesión se cae más veces de las que crees: cierras el navegador, se apaga el móvil, cambias de red y la pestaña se queda a medias, y volver a entrar cuesta dos campos. Ninguna de esas caídas toca tu saldo ni tu historial, así que no cunda el pánico: son gajes de la conexión, no avisos de que la cuenta esté rota. Protégete teniendo el correo del alta accesible desde el teléfono, porque ese buzón es la llave para recuperar el acceso si un día la contraseña no entra. Evita prestar la cuenta a familiares o amigos: solo se permite una por persona y los duplicados se cierran, así que el favor acaba en bloqueo. Si la sesión se pierde a diario, anota la hora de cada corte antes de dar la cuenta por dañada.
Ampliar informaciónDescarta la causa concreta que te bloquea y llega al chat solo cuando de verdad haga falta.
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Activar ofertaAbre el navegador del teléfono y llega al sitio por la misma página que usarías en un ordenador, sin atajos. Los datos son los del alta, ese correo y esa contraseña, sin versiones distintas para pantallas pequeñas. Si el navegador ofrece guardar la clave, acéptalo solo en un teléfono tuyo con bloqueo de pantalla. Hazlo con datos móviles o con wifi, pero espera a que la página cargue entera antes de tocar el botón.
Recarga primero y cambia de red cuando la página se quede en blanco: la cobertura floja rompe la carga. Borra los datos del sitio en los ajustes del navegador si la pantalla se congela en la entrada, y vuelve a cargar desde cero. Si te expulsa una y otra vez, revisa el modo privado o un bloqueador agresivo, que tiran la sesión. Prueba el mismo acceso en otro navegador antes de darlo por imposible.
El chat en vivo es la vía más rápida para un acceso bloqueado: la conversación queda abierta y puedes responder al momento. Ten a mano el correo registrado y la fecha del último acceso correcto para que localicen la cuenta sin rodeos.
El correo conviene cuando el problema necesita adjuntos, como una captura de la pantalla de acceso o del mensaje de error. Adjunta también el correo registrado y describe qué paso falla, para que la respuesta llegue ya orientada.
La llamada encaja si prefieres explicarlo hablando o no puedes escribir desde el dispositivo. Antes de marcar, anota el correo registrado, el mensaje exacto que ves y si el fallo ocurre en móvil o en ordenador: con eso la consulta se resuelve en una sola llamada.
Útil cuando el acceso falla, cuando dudas de la licencia o cuando el correo no aparece.
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